sábado, 6 de junio de 2009

Andrés Gaos Berea (A Coruña 1874 - Mar del Plata 1959)

Andrés Gaos nació en La Coruña, el 21 de marzo de 1874, en el seno de una familia que cultivaba tradicionalmente la música. Muy niño se trasladó a Vigo. Estudió violín con tanto aprovechamiento que pudo dar en aquella ciudad su primer concierto cuando contaba diez años de edad. En el Real Conservatorio madrileño puso fin a sus estudios violinísticos en 1888, mereciendo las mejores calificaciones y la felicitación de un gran maestro, de la especialidad, Jesús Monasterio. Como otros compositores españoles de la época, emprende Gaos el camino de París y Bruselas. En la ciudad belga, lugar fundamental para todo violinista, recibe, entre otras, las enseñanzas de Ysaye y Gevaert.
Una vez alcanzada la mayoría de edad, deja Europa y se traslada a América. A partir de entonces, sus actividades artísticas tendrán como centro la capital argentina.
Andrés Gaos fue, ante todo, un violinista excepcional. Es asombroso el número de figuras violinísticas que ha dado un país como el nuestro, carente de verdadera tradición en este aspecto. En la misma Galicia, además de Gaos, tenemos el caso de Manuel Quiroga. Gaos ha dado conciertos y recitales en toda América y también en. Europa. En París, bajo la dirección de Saint-Saens, triunfa clamorosamente en la parte solista de la Sinfonía española de Laló, el año 1904. Más tarde desempeña la cátedra de violín superior en el «Conservatorio Williams», de Buenos Aires, y compone. Escribe mucho, lo mejor de su producción, en las primeras décadas del siglo. De entonces son algunos de sus poemas sinfónicos, la ópera Amor vedado, la Sonata para violín y piano, Op. 37, y los Aires gallegos, Op. 36, que han sido grabados ahora por su hijo.
El año 1937, durante la Exposición Universal de París, dirigió con éxito la Orquesta Lamoureux varias obras suyas.
¿Cómo es la música de Gaos? La de la primera época es la mejor, la más aprovechable para nosotros... Esta música está en las corrientes neoimpresionisas de aquel tiempo. La influencia francesa, en la trayectoria que arranca de César Franck, predomina en la estética de Gaos.
Otro buen músico «erixebre», Reveriano Soutullo, frustrado por el medio musical español, escribía en 1929: El compositor, cuando quiera hacer obra gallega, ha de recorrer nuestra tierra para saturarse del ambiente, para sentir su espíritu y su emoción, pero la labor profunda, metódica y razonada, debe hacerla en su despacho, con los cantos populares a la vista...
Esto supo hacer Andrés Gaos como ningún otro compositor gallego. Sus giras europeas pasaban inevitablemente por Galicia. Bien formado técnicamente, las piezas del violinista español muestran ese buen oficio, tan raro entre los autores de su tierra y de su tiempo. Sin embargo, Gaos no evolucionó. Su franckiana sinfonía En las montañas de Galicia, estrenada en La Coruña bajo la dirección de Rogelio Groba, gracias a la Asociación Gaos, hace poco más de quince meses, data del año 1953 y es una sinfonía totalmente romántica.
Con su salud declinante, aunque sin perder su buen humor, Gaos se trasladó a Mar del Plata en 1956. Pocos meses antes de su muerte expresó ante su esposa e hijo menor Andrés, su deseo de hacer escuchar en su velatorio una grabación particular en disco de la composición que nos ocupa. Enfocado a la distancia, nos sorprende la percepción del artista, quien desestimando la tradicional sobriedad de los velatorios en casas de familia (costumbre que ahora ha sido reemplazada por velatorios en casas especializadas), proponía la incorporación de una adecuada atmósfera musical, pues puede muy bien asimilarse a un luctuoso canto fúnebre. Tal vez llegue a popularizarse su audición en templos e iglesias, pues el permanente ondular melancólico de esta música nocturna se asocia a lejanas reminiscencias del canto gregoriano.

Fallecio el 15 de marzo de 1595, en la ciudad balnearia de Mar del Plata. Cuando los receptores de la insólita voluntad del extinto pretendieron llevarla a cabo, se encontraron con la firme oposición de su hijo mayor Roberto. La acongojada Luisa, su compañera durante 40 años, no estaba con ánimo para hacer cumplir la última voluntad de su esposo y su hijo Andrés no tenía las agallas suficientes. De este modo, por la irreverencia de unos y la cobardía de otros, se infringió el postrer deseo del compositor. Dios se apiade de la soberbia e irresponsabilidad de los culpables.



Andrés Gaos a los 79 años.
Publicar un comentario